viernes, 11 de noviembre de 2011

Aviones no tripulados vigilan la salud de bosques y cultivos

Aviones no tripulados vigilan la salud de bosques y cultivos:

aire

Los fitopatólogos, médicos de las plantas, tienen diversas herramientas para saber cuándo una planta está enferma o tiene carencias de agua o nutrientes.

Algunas reacciones de las plantas son visibles al ojo humano; por ejemplo, cuando lo que falta son nutrientes, amarillean las hojas porque se degradan los pigmentos responsables de absorber la luz del sol, pero hay otras que para el ojo humano es imposible de ver.

A los instrumentos habituales para analizar el estrés causado por falta de agua o de nutrientes: bombas de presión, cámaras de infrarrojos, fluorímetros y sensores espectrales, se suman los chequeos vegetales a bordo de aviones no tripulados, y más recientemente desde robots, que parecen haberse adelantado a la medicina.

Los aviones, rastrean y producen unas imágenes que delatan qué plantas de un cultivo o un bosque están aquejadas de una enfermedad o de otras deficiencias. Además, permiten saber cuáles están más faltas de agua, en qué zona el sistema de riego no funciona correctamente o si se desperdicia agua en un área porque su suelo es más permeable y la filtra.

Dentro de las primacías de esta técnica, se encuentra la posibilidad de emplear de manera sostenible el agua y los productos agroquímicos, allí donde se necesiten y su dosis justa y, lo que parece más importante, la técnica se adelanta al ojo humano porque detecta problemas de un bosque o un cultivo antes de que sean visibles.

Gracias a esta técnica y usando cámaras térmicas a bordo de aviones tripulados, ya se han obtenido imágenes de cultivos de cítricos de Valencia, de melocotón y naranjo en Córdoba y Sevilla, y de viñedos de la Ribera del Duero.

Pese a la eficacia de los rastreos, existen indicios muy sutiles y difíciles de reparar, como la diferencia de temperatura entre un olivo bien regado y otro en situación de estrés hídrico, que puede ser de solo un grado.

Las plantas también dan muestras de discreción en el fenómeno de la fluorescencia: de toda la luz recibida, solo emiten en torno a un 2% en forma de fluorescencia clorofílica. Por si fuera poca dificultad, únicamente se podían detectar estos fenómenos a gran escala empleando instrumentales de cientos de kilos, que solo podían cargar aviones tripulados.

Para hacer más prácticas y económicas estas mediciones, el reto está en mejorar la sensibilidad de los dispositivos y reducirlos cada vez más.

El equipo de Pablo Zarco, director del Instituto de Agricultura Sostenible (CSIC) de Córdoba, ha sido el primero en detectar el estrés hídrico mediante un microsensor de solo 15 centímetros con un peso menor a un kilo, que han instalado a bordo de un avión no tripulado, logrando como resultado, un mapa preciso del estrés vegetal que revela la fluorescencia clorofílica.

En palabras de Pablo Zarco, la miniaturización de sensores ”permiten soñar con una nueva era de la teledetección, en que aviones con envergaduras entre 2 y 5 metros vuelen de forma autónoma con estos sensores para obtener imágenes de alta resolución” tanto en cada vez mayores superficies como en el espectro de luz visible e invisible.

España es líder en el desarrollo de la tecnología que emplean estas nuevas técnicas a bordo de aviones no tripulados.

Fuente: “Chequeos aéreos para vigilar la salud de bosques y cultivos” (El País)



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